
Cómo elegir los reflectores de infrarrojos adecuados para el curado de obleas
Cuando se curan las obleas, se necesita calor… y ese calor debe ser preciso. Pero no se puede simplemente bombear energía sobre la superficie de la oblea, esperando que todo funcione bien, especialmente si se desea mantener un proceso limpio y ecológico.
Por eso recurrimos a lámparas de ondas cortas combinadas con reflectores de infrarrojos de alta reflectividad. Esto es completamente diferente a un horno de convección: en lugar de calentar toda la cámara como lo haría un tostador gigante, los rayos infrarrojos actúan directamente sobre la superficie de la oblea.
¿Por qué son importantes los reflectores?
Una lámpara de curado por sí sola es bastante ineficiente. Dispersa la energía en todas direcciones, 360 grados. Sin un reflector, prácticamente se desperdicia la mitad de la energía en calentar el marco de la máquina. No es una forma muy eficiente de utilizar la electricidad.
Diseñamos nuestros reflectores para capturar esa energía desperdiciada y devolverla directamente sobre la oblea. Esto aumenta la densidad de flujo de calor y reduce los tiempos necesarios para alcanzar la temperatura deseada. De este modo, se utiliza menos energía por oblea. ¡Así de simple!
Detalles técnicos: materiales y calor
Utilizamos superficies de aluminio de alta pureza o recubiertas de oro, ya que son las mejores para reflejar los rayos infrarrojos de ondas cortas. Pero la geometría del reflector también es crucial. Si la curvatura no es precisa, habrá zonas donde el calor sea excesivo. Eso causaría un curado desigual, o incluso dañaría la superficie de la oblea.
También hay que tener cuidado con las tolerancias. Estas lámparas se calientan mucho. Si el reflector no está bien ventilado o no puede soportar la expansión térmica, se deformará. Una vez que esto ocurra, el punto focal cambiará, y la calidad del producto disminuirá.
Pasar a sistemas sin plomo: ventajas y desventajas
Cambiar a sistemas de curado por infrarrojos es una gran ventaja. Se puede evitar el uso de disolventes y de medios térmicos que contengan plomo. Es un proceso limpio y sin emisiones. Basta con encender la lámpara para obtener calor de inmediato, sin ninguna emisión.
Pero no es mágico. Hay algunas desventajas. Los rayos infrarrojos son precisos, pero no ofrecen la uniformidad que se logra con hornos de aire forzado. Habrá que ajustar la distancia entre la lámpara y la oblea, así como el ángulo del reflector, para evitar que las bordes de la oblea se quemen.
Un consejo: si se aumenta demasiado la potencia de la lámpara sin ajustar la distancia focal, se provocará un sobrecalentamiento localizado. Se necesita algo de habilidad para lograr el equilibrio perfecto.